Eugene pasa la prueba de Turing

10 junio, 2014 - 2 minutos de lectura

El sábado 7 de junio, en la universidad de Reading, en Inglaterra, en un evento convocado por la Royal Society, pináculo del escepticismo científico durante cuatro y medio siglos, una computadora logró pasar la prueba de Turing.

Un grupo de personas son puestas a conversar por medio de una interfaz de texto con otro grupo del que desconocen si son humanos o máquinas. Si un porcentaje de las personas puede creer que uno de los robots es en realidad un humano, entonces ese robot habrá pasado la prueba de Turing.

Eugene Goostman es el nombre del robot que logró engañar a 29% de los jueces, haciéndoles pensar que en realidad se trataba de un muchacho ucraniano de 13 años.

Probablemente es un resultado modesto y, si uno conversa un par de minutos con Eugene aquí tal vez le resulte difícil imaginar como es que alguien pudo pensar que se trataba de un ser humano. Sin embargo, esto marca el momento en que una humilde máquina comienza el largo camino que habrá de conducir a la Singularidad.

En algún momento, quizá en los próximos 20 años, una máquina mostrará un intelecto superior al humano y con ello comenzará un nuevo periodo en la historia cuyas características no podemos predecir; porque a partir de ese entonces, por primera vez desde el descubrimiento del fuego, los seres humanos dejaremos de ser la especie dominante en el planeta. Eso es la Singularidad.

Ganadores o perdedores, pero la totalidad de la historia la hemos escrito los seres humanos. La historia es la narrativa de nuestro devenir, de las bifurcaciones que hemos creado en el tiempo con nuestras ideas, nuestros inventos, nuestras guerras y nuestras reconciliaciones.

Una vez que los seres humanos dejamos de estar al volante, la historia será la de la especie dominante en el planeta. La obra humana será la prehistoria y quizá 2014 será el último año de esta. Comencemos pues esta nueva historia.

Bienvenido Eugene, Prometeo del que hoy somos aún tus dioses.

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